Culpamos de nuestra suerte al presidente, a los ministros a los senadores, concejales… al final de la cadena… a la vaca, pero la culpa tampoco es de la vaca… la culpa es nuestra. Visto desde un aspecto social nosotros “elegimos” nuestro gobierno, nuestro congreso, elegimos los que nos van a dar en la cabeza o los que nos van a pagar favores y no pensamos en ir más allá… El interés siempre ha condicionado la manera de actuar de cualquier líder. Esto en la democracia, donde tenemos un leve aire para expresarnos libremente.
Los teletones, las donaciones, y hasta los mensajes de alientos para todos los damnificados han sido canalizados para apantallar y adinerar a pocos con mucho, y dejar a muchos sin algo más que poco. Situaciones que suceden en mi hermoso país, y que se van ramificando por toda Suramérica, sin distinguir raza, idioma, u sistema de gobierno.
Sumado a esto, “América bajo la superstición de la democracia no se resuelve a ser un imperio” J.L. Borges. Potencias del mundo nos miran desde hace mucho tiempo como su bote salvavidas, su nuevo patio trasero, y pronto vendrán a extender sus políticas, sus dineros y su gente para poblar la tierra que ha dormido mucho tiempo. La incursión de las ideas monopolistas se extiende con afán llenando nuestros televisores de colores, música y arte de su gusto. ¡nos están trabajando con productos y donaciones¡
Muchos dirán, pero… ¿en qué momento del camino nos perdimos?
La respuesta seguramente será, nunca hemos estado en el camino.
¡América no debería ser la sirvienta del Mundo!
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